Enduro bajo la lluvia

Podría haber sido un sábado más de octubre, de esos en los que un sol de otoño nos regala una magnífica temperatura y nos permite rodar sin demasiado abrigo. Pero, en este caso, no era así, la lluvia sonaba al otro lado de la ventana e invitaba a quedarse en casa, a refugio del agua, el barro y las posibles caídas. Sin embargo, la pasión por este deporte es mucho más fuerte que la comodidad, y nos empujo a saltar de la cama a la hora prevista para cumplir nuestro compromiso con los pedales.

De camino a Navalafuente la lluvia, aunque suave, es constante, y parece que quiere poner a prueba nuestra voluntad. Una vez en el punto de encuentro, preparamos nuestras monturas y colocamos las protecciones en las mochilas,  conscientes de lo «delicadas» que encontraríamos las piedras de las trialeras por las que teníamos previsto rodar. Lejos de estar desanimados, el musgo sobre las piedras, el agua y el barro de los senderos, aportaría un extra de emoción a nuestra mañana de enduro por la Sierra de la Cabrera.

Comenzamos a pedalear con dirección a Bustarviejo por el Camino de Miraflores primero y el de las Viñas después, ambos pistas bien compactas que aunque húmedas absorben bien el agua y no tienen ni barro ni excesivos charcos. La lluvia cada vez es menor y apenas nos mojamos. Subimos a ritmo de calentamiento, sin prisas pero sin pausas y con la típica charleta que ameniza los ascensos y nos provoca las habituales risas, siempre presentes en nuestras rutas. En un «visto y no visto» hemos pasado las ruinas de Los Barracones, y unos metros más adelante tomamos la primera de las trialeras.

El descenso no tiene ni mucha longitud, ni mucha pendiente, ni dificultad alguna, pero es una senda entretenida, con algunos surcos, losas y piedras que nos permiten «juguetear» hasta llegar a la carretera, junto al puente del ferrocarril, cerca del Pornoso. Hacia esta urbanización nos dirigimos, por el camino que discurre paralelo al arroyo de Cargüeña, para atravesarla y continuar al norte hacia la Cañada Real Segoviana.

Nuestro objetivo es el Medio Celemín, desde el que descenderemos por los diferentes senderos y trialeras que justifican nuestra presencia en la zona. Subimos por la cañada, pista ancha y de buen firme, agrupados y sin prisas, acompañados de las cuatro gotas que se resisten a abandonarnos y a las que no prestamos la mínima atención. En poco más de una hora hemos recorrido 15km y ascendido 550m y nos disponemos a colocarnos las protecciones para afrontar la trialera que nos llevará a las proximidades de Valdemanco.

La primera parte de esta trialera nos ofrece grandes y divertidas losas de granito, en las que el agua y el musgo nos obligan a extremar las atención, a afinar la trazada y a olvidar los frenos, que algún susto que otro nos provocan. Disfrutamos mucho con el aliciente de la humedad y no disminuimos la velocidad con la que normalmente bajamos por estos caminos, ventajas de haber rodado en muchas ocasiones por ellos. La segunda parte de la senda está más rota que la primera, y nos regala surcos y piedras sueltas, de esas que amenzan (y algunas veces cumplen) con golpearte el cuadro, los pedales, las tibias o los tobillos.

Como todo lo bueno, se hace breve, y en pocos minutos estamos cerca del cementerio nuevo de Valdemanco, antes del cual nos desviamos hacia el este por un rampón hormigonado que nos lleva hacia el Peñascal de las Malezas. Pedaleamos por una divertida senda, con algunos pasos técnicos, que llanea hacia el collado de la Cabeza. Estamos en una zona que hay que conocer bien para no equivocarte de sendero y llegar a tu destino, que, en nuestro caso, es la trialera del Convento. El terreno está en condiciones óptimas, con la humedad precisa, a excepción de las piedras, que resbalan lo suyo.

Disfrutamos, con precaución por los senderistas y por las zonas mojadas, los dos kilómetros de trialera, muy disfrutona y con algún paso técnico de los de salir del sillín y echarle valor. Con algún susto pero ningún percance concluimos la bajada, que nos deja un magnífico sabor de boca. A estas alturas ya llevamos encima algo de barro, más decorativo que molesto. Estamos cerca de Valdemanco, en la carretera, que cruzamos para seguir rodando en dirección sur hacia Navalafuente.

4 kilómetros de descenso pos senderos y pistas que nos llevan hasta las canteras, acompañados casi todo el camino por el arroyo de Albalá y las cuatro gotas que continúan cayendo. No tenemos la sensación de estar mojados, nuestra ropa cumple su cometido y nos mantiene más o menos secos. Cada vez nos sentimos más satisfechos por no habernos dejado amedrentar por la lluvia.

Unos buenos rampones finales nos conducen hasta la carretera que va de Cabanillas a Bustarviejo, que cruzamos para tomar la última trialera del día hacia los coches. El Balcón de Navalafuente es una senda estrecha de un par de kilómetros con mucho flow, rápida, sin demasiadas complicaciones técnicas pero con pasos picantes, donde llevar una buena velocidad ayuda a salvarlos con éxito. Disfrutamos cada metro de la senda, conscientes de que la ruta toca a su fin y no nos queda más placer que el de las cervezas y las risas con las que concluimos siempre una jornada de MTB.

En menos de tres horas hemos completado los 30km de distancia y los 800m de desnivel acumulado, satisfechos pero con ganas de más (como siempre) y con unas magnificas sensaciones después de haber rodado sobre piedras y bajo la lluvia. Y bien salpicados de barro, tanto nosotros como nuestras monturas, regresamos a casa barruntando sobre nuestra próxima aventura.

Enduro de última generación

Esta es a una de las biciletas de 29 pulgadas más espectaculares que hemos visto hasta la fecha, la Santa Cruz Tallboy LTC. Construida totalmente en carbono con 135 milímetros de recorrido trasero y un peso récord, para el modelo que se presenta en el vídeo, de tan solo 11 kilos y medio con tija telescópica incluida.

La nueva Tallboy LT Carbon te ofrece todas las características de una All Mountain Enduro de ruedas grandes con un cuadro de 2 kilos 35 gramos con el amortiguador trasero incluido, esto no es un error tipográfico. La Tallboy LTC, nos permite echar toda la carne en el asador gracias a su sistema de suspensión VPP con 135 milímetros de recorrido, sus ruedas grandes, eje trasero de 142x12mm y anclaje ISCG05. A pesar de su peso pluma Santa Cruz nos garantiza que sigue siendo una All mountain agresiva y lo suficientemente rígida y fuerte para devorar cualquier cosa.

La garantía estará en vigor durante dos años a partir de la fecha de venta y se aplica al propietario original, Santa Cruz Bicycles reparará o reemplazará a su discreción cualquier cuadro que determine que está defectuoso. En el caso de un accidente u otra situación fuera de garantía de la vida de la bicicleta, Santa Cruz Bicycles pondrá a disposición del dueño original las piezas de repuesto a un costo mínimo.

Enduro Trip: El Bierzo III

Encaramos la recta final de nuestro viaje, pero todavía nos quedaban buenos momentos por disfrutar, tanto a lomos de nuestras bicis como sentados a la mesa.

Día 3. Sierra del Alba y viaje de vuelta.

El Domingo amanece soleado y, tras despertar a los más perezosos, nos vamos a desayunar a otro de los bares de Toral de Los Vados, con la intención de no molestar al camarero del bar del día anterior antes de las 9 de la mañana, ya que vimos que no le sentaban del todo bien esos “madrugones”. De vuelta a casa para ultimar detalles en la salida que haríamos por la zona, el fresco de primera hora nos termina de desperezar, no sin antes de emprender la segunda jornada de MTB por tierras bercianas, solventar ciertos contratiempos en ruedas y cubiertas en algunas de nuestras máquinas.

La ruta del último día transcurriría por el entorno de Toral de los Vados, por lo que salíamos montados de casa, lo que se agradece bastante especialmente después de la paliza física del día anterior. Teníamos varias opciones en nuestro GPS, algunas facilitadas gentilmente por el Club local Aconjonante BDM http://www.acojonantebdm.com/. Pero tras el duro día anterior, las piernas pedían una ruta no demasiado larga…por lo que optamos por hacer 25 kms rodando por la Sierra del Alba, pasando por Navalín.

La mañana se presentaba fresca, pero soleada, lo que hacía presagiar que en no mucho tiempo íbamos a pasar calor, y así fue. Abandonamos Toral de los Vados cruzando el río Burbia y la carretera que lleva a Penedelo, y sin más contemplaciones iniciamos una fuerte subida de aproximadamente 8 kms. La subida tiene tramos de gran pendiente, lo que unido a su temprana aparición en la ruta y las “piernas de chicle” por el día anterior, hace que el grupo de disgregue y vayamos llegando arriba poco a poco y en grupos de a 2.

Una vez arriba disfrutamos de unas preciosas vistas, desde donde podemos divisar Lago de Carucedo y los montes Gallegos, pues estamos casi en la frontera con Galicia. Tras las fotos de rigor y disfrutar de tan preciosa panorámica, continuamos por una pista cómoda que nos deleita con diversas vistas de la zona, incluso podemos divisar no muy lejos las montañas por las que el día anterior estuvimos sufriendo y disfrutando a partes iguales, pero siempre con mucho flow.

El sol cada vez apretaba más, pero entre risas y a un ritmo alegre, ya con las piernas despiertas después de la subida inicial, nos dirigimos a la primera bajada del día, rápida y pistera, que nos dejará en la carretera LE-157, donde tras un tramo por asfalto, algo que siempre desata algún comentario jocoso sobre nuestras monturas, sus ruedas de tacos y el pisar una superficie tan lisa, nos desviaremos a la altura de una pequeña granja, donde tres perros, a priori imponentes, por suerte no nos hacen ni caso y nos dejan pasar sin problemas.

Desde aquí disfrutaremos de una gran bajada, metidos en una preciosa garganta y rodeados de castaños por todos lados. Alguno conocía este tramo, pero no se quiso desvelar por anticipado, de esta manera, lo que parecía que simplemente iba a ser un paseo pistero, convirtió la ruta en algo con más picante (al menos algo) en donde empiezan a salir las primeras sonrisas.

Disfrutamos de una ensalada de piedras digna de cualquier ruta Flow Riders, que finalmente nos llevaría a enlazar una pista por la ladera de una de las montañas, cuyo sube y baja desembocaría, tras pasar rozando la localidad de Corullón, en Horta. En este punto, nos desviamos y las encinas, chopos y castaños nos acompañan por la Ruta o senda de Peruchín, paralela al río Burbia, encaminándonos de nuevo a Toral de los Vados. En un punto antes de comenzar el descenso hacia nuestra localidad de salida nos encontramos con “La Encina de Peruchin”, una encina de 20,5 metros de altura y 8 metros de base, con más de 500 años de antigüedad, que resultaba imponente a la vista.

Tras una bajada de pista primero y asfalto después entre las diversas viñas de la zona, llegamos a Toral de los Vados listos para tomar un refrigerio, y tras la ducha y preparación de equipajes partir hacia Montes de Valdueza, donde nos esperaban en la “Taberna de Sara” (https://www.facebook.com/pages/La-Cantina-de-Sara/237035349735645)

Montes de Valdueza, o como es más conocido en la zona, San Pedro de Montes, es una localidad rural y tradicional cercana a Ponferrada, que se encuentra en el Valle de Oza y situada por encima de los 1.000 metros de altitud y con unos 30-40 habitantes. Desde donde es imposible no sentir la tranquilidad, la naturaleza y la paz de los montes bercianos, que el día anterior consiguieron sacarnos sudor y satisfacción a partes iguales, y quedarse embobados mirando desde el Parking en el que muere la carretera, las impresionantes vistas.

Sara, la dueña de la taberna, ya nos conoce, pues varios Flow Riders somos habituales en la prueba “101 Kms Peregrinos” celebrada en el puente de Mayo, y no perdemos la oportunidad de ir a degustar sus espectaculares platos, caseros y deliciosos. Además, en esta ocasión y debido a que estaba una gran representación, aprovechamos para dejarle un dorsal de la mencionada prueba firmado y dedicado, tal y como le habíamos prometido 2 años atrás.

Tras dar cuenta de tan deliciosos manjares, un buen plato de huevos con chorizo, patatas, lacón y pimientos, más fruta de postre (unos higos deliciosos por cierto) y cafes para mitigar la modorra habitual a una espectacular comida, nos despedimos de El Bierzo y emprendemos camino de vuelta de un espectacular fin de semana. Investigación sobre el terreno, buen tiempo, preparación de rutas para nuestros socios y clientes, deliciosas comidas típicas de la zona , amigos, bicis y mucho flow, es un buen resumen en una frase para “El Bierzo Enduro Trip by Flow Riders”

¿Próximo destino?…eso es otra historia.

Hoyo de Manzanares

Después de nuestras andanzas por tierras bercianas nos toca volver a la “cruda” realidad de nuestras  montañas madrileñas. Nótense las comillas empleadas, que en el lenguaje escrito sirven, entre otras cosas, para enfatizar el tono irónico en una frase.

Efectivamente, somos conscientes de que vivimos en un país tremendamente diverso y con espectaculares zonas para la práctica de nuestro deporte, pues hemos disfrutado de unas cuantas. Por ello estamos en disposición de afirmar que nuestra Comunidad de Madrid es tremendamente rica en zonas para disfrutar del MTB. Nuestro objetivo es escoger, de entre todas las anteriores, una para satisfacer nuestras ansias de trialeras que no habían sido más que amplificadas en nuestro fin de semana en Ponferrada.

Es el puente del Pilar y muchos efectivos se encuentran de vacaciones, cumpliendo obligaciones familiares, repartidos por la geografía española. Por ello elegimos una zona cercana y con gran picante: Hoyo de Manzanares, el paraíso de las piedras. Nos apuntamos a la ruta dispuestos a dar cada uno lo mejor de sí mismo.   El día, inmejorable; con un sol espléndido y una temperatura óptima para pedalear. Nos tememos, por las fechas que son, que ya quedan pocas jornadas como ésta. “Disfrutémosla a tope entonces”, pensamos todos.

Dicho y hecho.  Comenzamos la ruta, como siempre, desde el Cementerio de Hoyo por la carretera en busca de la pista rota que sube y que nos acelera el pulso por primera vez en la mañana.  No es una subida complicada en sus primeros compases, aunque un poco más adelante, después de pasar una barrera, sí que tiene un par de pasos que hacen apretar nuestras posaderas contra el sillín, imprimir la máxima potencia a nuestras piernas sobre los pedales y elegir la trazada más conveniente en cada caso.  Pasamos el trance con éxito y llegamos al punto de inflexión de pendiente (es decir, que nos toca bajar).  No llevamos protecciones…¡cómo cambia la percepción del riesgo con el tiempo, según vamos adentrándonos cada vez más en el Enduro! Recuerdo que hace no tanto considerábamos las protecciones en esta ruta como obligatorias…

Pasamos por encima de las rocas de este primer descenso a velocidades no muy recomendables y que hacen pensar que demasiado nos duran las bicis para cómo las tratamos…aunque siempre hay algún optimista en el grupo que piensa que para esto están diseñadas, jejeje. Pasamos por la “subida de la losa”, que también tiene un par de pasos “graciosos” arriba del todo y que son sorteados por los miembros del grupo, con mayor o menor “gracia”.

Paramos como es costumbre en el árbol del cruce de caminos para afrontar la subida al mirador, que siempre nos exige lo mejor de nosotros mismos para coronarlo y algunas veces ni con ésas es posible conseguirlo. Pero en esta ocasión, con el entrenamiento planificado que algunos hemos realizado este año y las últimas y tremendamente exigentes subidas de Ponferrada, se nos hace menos dura que otras veces…y llegamos arriba sin hacer un solo pie, manteniendo a la vez las pulsaciones de nuestro corazón en valores “razonables”.  Una sensación comparable a la que sentimos después del descenso de una trialera recorre nuestro cuerpo.

Una vez reagrupados iniciamos la parte final del ascenso con la bici al hombro, durante unos interminables 10 minutos camino de Peñacovacha. Unos pocos cientos de metros más de ascenso pedreril ya encima de las bicis y llegamos al punto más alto de la ruta.  En este punto comienza la segunda trialera del día, en la cual paramos para hacernos fotos que luego vemos una y otra vez para rememorar el disfrute que nos provocan estos momentos.  Somos como niños.

Esta es una ruta sin grandes desniveles, pero que puede ser muy exigente porque tiene muchos kilómetros de sube y baja continuo con rampas duras, que ponen a prueba nuestras piernas; así, llegamos a la tercera trialera del día: la de los bomberos. Apuramos las últimas piedras del día y continuamos “sendereando” cuesta arriba y cuesta abajo hasta llegar a Hoyo,  donde nos tomamos unas merecidas cervezas para celebrar nuestra vuelta a la sierra madrileña.

Enduro Trip: El Bierzo II

El Club Deportivo Rutas del Bierzo organiza todos los años, desde hace cinco, una mítica prueba de mountain bike que discurre por parajes de esta comarca. Esta prueba, la Mountemplaria, es una de las más duras del calendario nacional, no sólo por la distancia y el desnivel acumulado, si no por el tipo de terreno por el que discurre: en su mayor parte trialeras y senderos técnicos, tanto en subida como en bajada.

Una prueba más próxima al all-mountain que al maratón, algo que nos empujo a realizar su recorrido para conocerla, estudiarla, analizarla, disfrutarla y optimizarla, de tal modo que quedase incluida dentro de las diferentes aventuras endureras que hemos diseñado y que ofrecemos realizar a todos nuestros socios.

Día 2. Sendero del Demonio y Senda de la Puta parió.

El sábado amanece fresco y cubierto por una espesa capa de nubes, lo cual, lejos de plantearse como un inconveniente, nos agrada especialmente porque nos evitará el calor que podría endurecer más aún la ruta prevista. Vamos saltando de la cama uno tras otro, y tras asearnos y pertrecharnos realizamos la última revisión de nuestras monturas, a las que tenemos previsto darles mucho trabajo. Desayunamos en Toral, frente a la estación, en una cafetería donde el camarero no se ha levantado con buen pie y despotrica contra todos aquellos que le estamos haciendo trabajar tan pronto (las 9.00h de la mañana!!). Nos lo tomamos con buen humor y acompañamos los cafés, infusiones y/o colacaos con algo de bollería de una panadería próxima. Una vez alimentados nos acoplamos en los coches y nos dirigimos a Ponferrada, para aparcar y comenzar nuestro camino.

Entre unas cosas y otras, comenzamos a dar pedales casi a las 11.00h junto al Castillo Templario y dirigiéndonos hacia el este por las calles de Ponferrada hacia Molinaseca. Estos primeros kilómetros son de asfalto y pista, y nos sirven para ir calentando las piernas ante el reto que nos espera. Poco después de salir de Molinaseca, se desatan las hostilidades, y entramos en un sendero cuajado de piedras en su primera parte, que compartimos con los peregrinos (éste es un tramo del camino de Santiago), los cuales nos miran atónitos al vernos escalar por una senda tan accidentada. Disfrutamos este tramo casi tanto como si fuese de bajada, nos gustan las subidas duras y técnicas.

La subida, de unos 5km y casi 400m de desnivel, nos lleva poco más allá de Riego de Ambrós, donde hacemos una parada para recuperar algo de energía con un breve descanso, y sustituir el agua de nuestros «camel» por una más fresca, recogida de la fuente de este pueblo. Reanudamos la marcha y desde la Erillina descendemos 1km por pista hasta el arroyo de las Tejadas, asegurándonos primero de que los cazadores de la zona habían acabado con sus «quehaceres».

Una vez en el arroyo, segunda subida importante del día, 4 kilómetros con un desnivel acumulado de 300m, por una senda estrecha, tapizada con una buena capa de hojas de otoño y con unos buenos rampones que nos ponen a prueba a cada momento. Este ascenso es menos accidentado pero más duro que el primero, quizás por los kilómetros que llevamos acumulados, y nos obliga a poner pie en tierra y empujar nuestras monturas en algunos momentos.

La subida nos lleva hasta El Acebo de San Miguel, a 1.150m de altitud. Llevamos casi 18km de distancia y más de 800m de desnivel positivo acumulado. Hemos empleado 2 horas y media (paradas incluidas) en recorrer esta distancia. Son casi las 13.30h y aún nos quedan dos tercios de la ruta por completar. Por ahora sufrimos y disfrutamos a partes iguales, los senderos y los parajes por los que hemos rodado son de ensueño, y compensan la dureza con creces.

En Acebo no paramos, y continuamos para realizar la primera bajada de la jornada: 3km de senda con alguna que otra piedra en la que perdemos 300m de altura. El descenso no es nada del otro mundo, pero nos sabe a gloria después de tanta subida y consumimos los metros rápidamente, dejando correr la bici y disfrutando de cada curva y de cada irregularidad del terreno. La senda muere en una carretera, cerca del río Carracedo y de Prada. Paramos a quitarnos las protecciones, aconsejables pero no del todo necesarias para esta bajada, y reparar el primero de los pinchazos que algún flowrider sufriría en la ruta.

De nuevo en marcha tomamos una senda que llanea durante dos kilómetros paralela al río Meruelo, antes de comenzar la tercera y más dura subida de toda la ruta: ganaremos 250m de desnivel en sólo 2km. Después de lo que llevamos en las piernas, este ascenso se hace especialmente duro y los kilómetros parecen de 1.500 metros. Algún pie a tierra y alguna breve parada para coger aire nos ayudan con el reto. Después de los 2km y otro más de «sube y baja» nos encontramos en Espinoso de Compludo, donde hacemos una parada algo más larga.

Pasan ya 10 minutos de las 3 de la tarde cuando reemprendemos la marcha, para dirigirnos hacia San Cristóbal de Valdueza, del que nos separan 5 kilómetros de continuas subidas y bajadas que continúan machacando nuestras piernas. Seguimos rodando por parajes inigualables, disfrutando no solo de las vistas, si no también de la paz, el silencio, la soledad y la grandeza de los montes de la zona. Rodamos con alegría, nos esperan dos «perlas» en San Cristóbal: la familia de Jeby y el sendero del Demonio.

Nos reciben con los brazos abiertos y con unas cuantas latas de cerveza en la mano. Son las 16.00h, no hemos comido y aún nos quedan 20km de ruta, pero eso no impide que nos quedemos un rato de charleta mientras disfrutamos de la fría cerveza que nos permite recuperar algo del potasio perdido. Media hora más tarde continuamos camino y nos dirigimos al comienzo de una de las mejores bajadas de la zona: el Sendero del Demonio.

La bajada es una delicia: sendero estrecho entre árboles, empinado y revirado, con algunos pasos divertidos e interesantes… 2,5km de desenfreno donde se pierden más de 400m, una pendiente media del -16%. En estas bajadas es donde te cobras el sufrimiento pagado en las subidas, es donde te das cuenta de que la recompensa al esfuerzo, merece la pena. Hacemos alguna parada intermedia, para hacer alguna foto, para reagrupar, para alargar el momento de gozo… nuestras caras son un poema, son la representación más expresiva del disfrute que proporciona este deporte.

La senda muere en el río Oza, al cual acompañamos hasta llegar a San Clemente de Valdueza. Desde San Clemente continuamos paralelos al río Oza, en ligero descenso hasta Valdefrancos. Desde esta población continuamos por carretera hasta el punto donde el Oza cambia su nombre por Valdueza, cerca de San Esteban. Aquí comenzamos el acenso por pista hacia el Pajariel. Casi 8km de pendiente suave y muy llevadera que hacemos a ritmo tranquilo, disfrutando de las vistas y el paisaje y debatiendo sobre la posible o no resurrección de los pinos quemados de la zona.

A las 18.15h hemos coronado el Pajariel y nos enfrentamos a la segunda «guinda» de la jornada la senda de la Puta Parió. Después de ver el perfil de la ruta, ya intuíamos lo que nos esperaba: 1.500m de distancia y más 300m de desnivel negativo, una pendiente media del 20%!! El sendero es de los que no se olvidan fácilmente y no aconsejable para cualquier biker. Son imprescindibles técnica y valor para salvarlo con éxito y disfrutarlo. Una caída te puede conducir a estamparte contra un pino o rodar ladera abajo hasta Ponferrada. Emocionante y divertido como pocos: árboles, surcos, raíces, curvas, pronunciada pendiente… simplemente perfecto, y haciendo honor a su nombre.

En 10 minutos recorremos la senda, y volvemos a reflejar en nuestros rostros el placer obtenido con el descenso, esencia de esta modalidad de ciclismo que practicamos. Una vez abajo sólo nos resta llanear paralelos al río Sil, por un sendero que nos regala las últimas imágenes bucólicas de nuestra aventura. De remate final, un rampón de 200 metros al 15%, bien empedrado y que nos lleva hasta el Castillo Templario, junto al cual nos premiamos con una buena cerveza casi 8 horas después del inicio de la aventura.

Después de 50km recorridos, 1.700m de desnivel acumulado y 8 horas sin tomar mas que agua y alguna barrita energética, volvemos a Toral de los Vados, para darnos una ducha reparadora y acudir a nuestra cita con la mesa y plato del restaurante donde previamente habíamos reservado, la Casa del Botillo.

Sí, ya sabemos que un botillo no es lo más adecuado para una cena, pero después del sobre-esfuerzo realizado nos lo habíamos ganado. Algo de embutido de la zona, unos platos de pulpo, chorizo cocido, un botillo por cabeza, un par de botellas de tinto del Bierzo y unos dulces típicos nos ayudaron a recuperar energía antes de retirarnos a nuestros «aposentos». El «fin de fiesta» perfecto para una grandiosa aventura como ésta.