Hoyo de Manzanares

Después de nuestras andanzas por tierras bercianas nos toca volver a la “cruda” realidad de nuestras  montañas madrileñas. Nótense las comillas empleadas, que en el lenguaje escrito sirven, entre otras cosas, para enfatizar el tono irónico en una frase.

Efectivamente, somos conscientes de que vivimos en un país tremendamente diverso y con espectaculares zonas para la práctica de nuestro deporte, pues hemos disfrutado de unas cuantas. Por ello estamos en disposición de afirmar que nuestra Comunidad de Madrid es tremendamente rica en zonas para disfrutar del MTB. Nuestro objetivo es escoger, de entre todas las anteriores, una para satisfacer nuestras ansias de trialeras que no habían sido más que amplificadas en nuestro fin de semana en Ponferrada.

Es el puente del Pilar y muchos efectivos se encuentran de vacaciones, cumpliendo obligaciones familiares, repartidos por la geografía española. Por ello elegimos una zona cercana y con gran picante: Hoyo de Manzanares, el paraíso de las piedras. Nos apuntamos a la ruta dispuestos a dar cada uno lo mejor de sí mismo.   El día, inmejorable; con un sol espléndido y una temperatura óptima para pedalear. Nos tememos, por las fechas que son, que ya quedan pocas jornadas como ésta. “Disfrutémosla a tope entonces”, pensamos todos.

Dicho y hecho.  Comenzamos la ruta, como siempre, desde el Cementerio de Hoyo por la carretera en busca de la pista rota que sube y que nos acelera el pulso por primera vez en la mañana.  No es una subida complicada en sus primeros compases, aunque un poco más adelante, después de pasar una barrera, sí que tiene un par de pasos que hacen apretar nuestras posaderas contra el sillín, imprimir la máxima potencia a nuestras piernas sobre los pedales y elegir la trazada más conveniente en cada caso.  Pasamos el trance con éxito y llegamos al punto de inflexión de pendiente (es decir, que nos toca bajar).  No llevamos protecciones…¡cómo cambia la percepción del riesgo con el tiempo, según vamos adentrándonos cada vez más en el Enduro! Recuerdo que hace no tanto considerábamos las protecciones en esta ruta como obligatorias…

Pasamos por encima de las rocas de este primer descenso a velocidades no muy recomendables y que hacen pensar que demasiado nos duran las bicis para cómo las tratamos…aunque siempre hay algún optimista en el grupo que piensa que para esto están diseñadas, jejeje. Pasamos por la “subida de la losa”, que también tiene un par de pasos “graciosos” arriba del todo y que son sorteados por los miembros del grupo, con mayor o menor “gracia”.

Paramos como es costumbre en el árbol del cruce de caminos para afrontar la subida al mirador, que siempre nos exige lo mejor de nosotros mismos para coronarlo y algunas veces ni con ésas es posible conseguirlo. Pero en esta ocasión, con el entrenamiento planificado que algunos hemos realizado este año y las últimas y tremendamente exigentes subidas de Ponferrada, se nos hace menos dura que otras veces…y llegamos arriba sin hacer un solo pie, manteniendo a la vez las pulsaciones de nuestro corazón en valores “razonables”.  Una sensación comparable a la que sentimos después del descenso de una trialera recorre nuestro cuerpo.

Una vez reagrupados iniciamos la parte final del ascenso con la bici al hombro, durante unos interminables 10 minutos camino de Peñacovacha. Unos pocos cientos de metros más de ascenso pedreril ya encima de las bicis y llegamos al punto más alto de la ruta.  En este punto comienza la segunda trialera del día, en la cual paramos para hacernos fotos que luego vemos una y otra vez para rememorar el disfrute que nos provocan estos momentos.  Somos como niños.

Esta es una ruta sin grandes desniveles, pero que puede ser muy exigente porque tiene muchos kilómetros de sube y baja continuo con rampas duras, que ponen a prueba nuestras piernas; así, llegamos a la tercera trialera del día: la de los bomberos. Apuramos las últimas piedras del día y continuamos “sendereando” cuesta arriba y cuesta abajo hasta llegar a Hoyo,  donde nos tomamos unas merecidas cervezas para celebrar nuestra vuelta a la sierra madrileña.

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