Aínsa Día 3. Bajo Peñas.

Tras de ella amanece el sol, da comienzo un nuevo día; mientras despierta Aragón, firme atalaya, vigila. Ir y venir de las gentes, que recorren el Sobrarbe: la Peña sigue presente, vigilando lo que pase. Y cuando se pone el sol, sus últimos rayos besan, con su luz y su calor, a la Peña Montañesa” (José García Velázquez).

Ha comenzado nuestro tercer día en el Paraíso. Todos hemos girado temerosos la esquina hacia el ventanal del comedor para comprobar aliviados que el sol luce con desafío renovado tras la tormenta nocturna. Desayunamos invadidos por un afianzado deseo de salir a hacer nuestros los senderos de Ainsa, siempre conscientes de su pertenencia a la imperiosa Peña Montañesa que nos vigila y nos guía. Este es el escenario de la ruta elegida, la número 7, “Bajo Peñas”. La imponente montaña hace presagiar la fascinante combinación de dureza y belleza que nos disponemos a conquistar. Las pocas horas de sueño son compensadas por el ainsia de seguir explorando estos increíbles senderos. Las rutas de enduro, como las de la vida, se recorren con las piernas…y con el corazón.

La 7 es una ruta muy diversa que iniciamos atravesando el río Cinca, al que sigue una pista que conduce a un precioso sendero de exigente subida. Tras un pequeño descanso bajamos por una trialera hasta un increíble laberinto de margas. Durante todo el trayecto admiramos las imponentes vistas de la Peña. Todo un regalo para los sentidos

La ruta continúa por el barranco hasta que salimos a carretera para subir hasta Oncins, una pequeña aldea situada en las faldas de la Peña Montañesa a 1073 metros de altitud. Los campos de forraje y cereales y los cruces entre bikers y ganado, ambos recelosos ante la presencia extraña, reflejan el principal recurso económico de estos núcleos de montaña. Algunos comentan haber visto hasta plantas de purines, pero eso ya es objeto de otra crónica..

Los 12 km de descenso que siguen ofrecen una diversidad de terrenos para deleitarse en todos ellos con un flow descaradamente divertido: trialeras, senderos rápidos por bosques y tramo final por las Margas desnudas, impresionantes. Las margas son absorbentes, se esponjan, deshacen y pulverizan. Lo mismo que hacen con los sentidos de quienes las surcan.

La ruta ha sido todo un éxito. El trabajo y esfuerzo de Flow Riders obtiene su recompensa en el ruido de las risas, el choque de jarras de cerveza y las anécdotas de las que es ciertamente complicado salir ileso. La tecnología tampoco ayuda. Los detalles que la mente olvida quedan reflejados, inalterables, en vídeos y fotos que muestran cascos resurgiendo con una sonrisa entre matorrales, caídas en parado, pinchazos, derrapes involuntarios y, ante todo, reflejan el espíritu de un equipo unido que comparte su pasión por la naturaleza y el enduro.

Aínsa ha sido una experiencia increíble de esas que hay que vivir, al menos, una vez en la vida. Nada habría podido suceder si ellos no lo hubieran imaginado. En estos días no hemos conquistado estos senderos, sino a nosotros mismos.

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